La grasa de las capitales

Registro de exposición y statement realizado en Diciembre del 2019.

Un suceso privado en un momento inadecuado hizo que una problemática naciera directamente desde mis entrañas. Todo partió con una gama de colores que remitían a algo que mucho más tarde comprendí. ¿Qué es lo que me hace hablar de lo interno como lo externo? Un hecho sencillo, que no ha parado de repetirse: lo Interno-Externo.

Cuando los órganos están sanos, resguardados, calientes dentro de nosotros, nos hacen funcionar, nos mantienen vivos y la sangre los mantiene cobijados.

¿Cuál es el efecto que hace que algo que nos mantiene vivos se transforme en algo grotesco, que asusta y que causa náuseas? Puede ser que sea el ejercicio de tomar estos elementos vitales y sacarlos al exterior.

Al llevar algo interno a lo externo se enfría, cambia de color y, a la vez, demuestra nuestra fragilidad como seres vivos. Tan expuestos a un simple corte y la pérdida de todo. Al enfriarse hace el mismo ejercicio que hemos ido haciendo,- en especial esta última década-, los seres humanos. Nos hemos enfriado, nos hemos transformado y representado de la peor forma que nos podemos representar.

Somos intestinos, somos excremento y estamos llenos de grasa. Nos alimentamos de grasa, tenemos gustos grasosos, nos comportamos como grasa, nos producimos como una grasa y consumimos como grasa “… la grasa de las capitales, no se banca MÁS”. (Serú Girán, 1979)

Así también Joseph Beuys (1921-1986), artista alemán, veía la grasa como una relación vital. Durante su juventud fue piloto de un bombardero, hasta que en 1943 sufrió un accidente a causa de una tormenta de nieve en Crimea, donde fue salvado por los tártaros, quiénes lo envolvieron en grasa y fieltro para mantenerlo caliente y con vida. Fue un hecho que marcó un punto de inflexión en la trayectoria y la visión de libertad de Beuys.

La Grasa de las Capitales, 2019.

Ahora la grasa ha perdido ese sentido y se ha transformado en un símbolo negativo. La grasa está en todo y nos esforzamos a eliminarla, en especial de nuestros cuerpos en búsqueda de la perfección. Entre más nos fundimos en lo que se supone que “tenemos que hacer”, más nos hundimos en “La grasa de las capitales”, vemos monumentos con formas de tótems ancestrales, nuestro Costanera Center, ícono yuppie que chorrea grasa desde todos sus rincones.

En donde el ambiente, el paisaje, el ser humano-paisaje, se transforma en un sistema sin fin, en un sistema que da vuelta en si mismo, en donde esta grasa se mueve para llenar todos los rincones a carne viva. Todo lo que nos mantiene vivos cabe en nuestra mano, tiene cables, una manzana podrida y la grasa de nuestras huellas digitales en su pantalla.

La Grasa de las Capitales, 2019.

Mis íconos vendrían siendo los intestinos, la carne, los huesos, la grasa y el mercado. La metamorfosis ambiental, la metamorfosis silenciosa. Un retrato de lo que somos los seres humanos en el s. XXI. Esto que está empezando, eso que tiene un dejo de progreso

La Grasa de las Capitales, 2019.

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