De cuando hice: un Valentino (especial 14f)
Mi serie “De cuando hice” se inaugura con “Valentino”, una pieza fabricada para el San Valentín del año 2023. Esta serie es para recordar piezas olvidadas o vendidas, o menospreciadas por su autora (yo).
𝓕𝓲𝓰𝓾𝓻𝓪 𝓭𝓮 𝓢𝓪𝓷 𝓥𝓪𝓵𝓮𝓷𝓽𝓲𝓷 💌 Curiosité, 2023.
Dios y patrono de la materia derramada del desamor.
Cuidador de los coágulos, la sangre y carne derramada a través de todos los corazones rotos afectados por la epidemia del amor… nacida desde las tragedias, y sin cura desde entonces.
I’m Just a Girl
Sobre “I’m Just a Girl”, Instalación en técnica mixta del 2024
Esta obra es un acto de abrirse: una casa de muñecas que respira como un cuerpo, frágil, expuesto y lleno de ecos. Un lugar habitado, transformado, cargado de cicatrices y recuerdos. En sus paredes se despliega la vulnerabilidad de lo femenino, lo íntimo y lo silenciado. Cada habitación se convierte en un órgano, un rincón de memorias atravesadas por la enfermedad, el dolor y el ciclo inevitable del tiempo, una exploración visceral de la relación entre el cuerpo y el espacio, entre lo que habitamos y lo que nos habita. La casa no es refugio; es un espejo del cuerpo habitado, de sus transformaciones, sus miedos y sus grietas.
Los personajes que la recorren son enfermedades hechas carne en papel, espectros que han dejado marcas en el tejido corporal y en la psique. Los bordados, minuciosos y a la vez tensos, narran aquello que no se dice, usando el lenguaje de las agujas para hablar de pérdidas, resiliencia y fragilidad. En un mundo donde lo femenino ha sido reducido a lo doméstico y lo ornamental, esta obra toma estos mismos códigos –la casa, el bordado, la infancia– y los transforma en un grito de resistencia.
La frase bordada "I’m just a girl" flota sobre la casa como un susurro cargado de ironía, una declaración que confronta las expectativas que pesan sobre el cuerpo de las mujeres. ¿Es posible ser “solo” una niña cuando el mundo exige tanto, cuando el cuerpo es territorio de control y juicio? Este texto, que parece una verdad simple, encapsula toda la complejidad de habitar un cuerpo femenino: ser observada, ser construida, ser desbordada por las imposiciones culturales.
El proyecto revela la paradoja de habitar: el cuerpo como un lugar propio, pero también como una jaula; la casa como refugio, pero también como un espacio que aprisiona. Desde la etimología de crear y coser, esta obra se acerca a un imaginario de un Prometeo femenino, desafiando las nociones tradicionales del arte y la creación. El bordado –históricamente relegado a los márgenes– emerge aquí como un acto de memoria, resistencia y denuncia, rompiendo con la lógica de lo “decorativo” para expresar una fuerza visceral. El acto de bordar es una resistencia silenciosa, una coreografía entre lo repetitivo y lo transgresor, entre la tradición y la ruptura. El bordado, en todas sus formas, se convierte en una escritura visceral, donde el punto cruz aparece como un eco de la doble X del cromosoma femenino, recordándonos la biología y el destino tejido en cada célula.
La casa de muñecas no es solo un objeto de contemplación, sino un contenedor de historias silenciadas y emociones encarnadas. Sus habitaciones son escenarios de lo oculto: un diálogo entre el dolor físico y las experiencias que nos marcan, entre el peso del tiempo y la posibilidad de sanar. Dentro de la casa, los personajes recortados en papel dan rostro a las enfermedades que nos habitan. Son figuras etéreas pero punzantes, un recordatorio de que el cuerpo no sólo envejece, sino que se quiebra, se repara y sigue adelante. Los espacios dialogan con lo siniestro: el terror de habitar un cuerpo que envejece, que duele, que se transforma, se confronta con el recuerdo de la infancia y la añoranza de la seguridad perdida. Los hilos tensados sobre la tela y el papel son un gesto de vulnerabilidad, pero también de desafío: bordar, construir, recortar y crear son actos de habitar el cuerpo y el mundo con una intensidad que se niega a ser ignorada.
Este proyecto invita al espectador a entrar en la casa y, con ello, a entrar en un cuerpo: un espacio que es tan privado como político, tan íntimo como colectivo. Las enfermedades y las cicatrices que la recorren no son solo heridas personales; son una metáfora de las violencias estructurales, los silencios impuestos y las luchas invisibles que atraviesan a tantas mujeres. Al final, la obra no busca respuestas, sino provocar preguntas: ¿qué significa realmente habitar? ¿Qué significa reparar un cuerpo, una casa, una memoria? ¿Y quién tiene el poder –y la libertad– para coser su propio destino?
Algunas (otras) cosas que hago…
Talleres
La idea de este post/blog (¿cómo se dice en esta situación? —MI ENTRADA DE PÁGINA WEB—), no es para hablar de mi, o de mi trayectoria… es para contarles alguna otras cosas que hago que pueden interesarles (y bueno, también no, ni al caso).
Contexto: soy profesora de de artes visuales (de colegio, real), he participado en varias charlas en exposiciones sobre mi técnica y partí mi carrera educativa trabajando en colegio dictando distintos talleres para niños sobre diferentes técnicas. También trabajaba en cursos en línea y presenciales de perfeccionamiento técnico (ya estoy contando mi historia y dije que no lo iba a hacer, perdón)
Bueno, acá parte lo del presente… experiencia tengo y lo sigo haciendo. En este minuto sigo realizando distintos talleres online y presenciales de perfeccionamiento técnico especifico artístico, para niños, jóvenes y adultos. La idea de estos talleres es construir un enfoque personalizado en proyecto o técnica, para ampliar la mira artística, mejorar y experimentar en espacios seguros. No necesitas tener experiencia previa, sólo un interés especifico por una técnica o por las artes en general.
Si te gustaría ser parte de esto, no dudes en mandarme un mensajero en la sección de Contacto.
Te quieroooooo.
Caracol y lucifer
Hortalizas destruidas gracias al actuar delictual de un pequeño caracol.
Un caracol está en tela de juicio por la comunidad, debido a una fuerte acusación realizada por el área agrícola del pueblo,
Los campesinos aseguran que sus hortalizas se encuentran destruidas y marcadas por los dientes de un caracol, el cual hasta el día de hoy se encontraba prófugo.
El caracol ha sido encontrado e identificado en la huella noventa y cinco detrás del abedul, en dónde se dejó su citación para el juicio a realizarse en el día quince de octubre, en el ayuntamiento meridiano.
18 de Octubre, 1386.
Caracol no asistió a juicio, por lo que tuvieron que juzgarla en su ausencia y fue condenada a excomulgación y destierro de la diócesis y del pueblo.
Se presentaron mínimas oposiciones a la condena por parte de unas curiosas mujeres del pueblo, que afirman que el caracol: “no sabe leer”.
A pesar de las curiosas oposiciones, las pruebas eran infalibles debido a las marcas de dientes encontradas en el cultivo del vicario.
—¡Ni siquiera eran tan buenas hortalizas!
…
¿Y cómo un caracol llega a ser la asistente del diablo?
–¡Un caracol siempre tiene sus técnicas!
Statement
La creación monstruosa en relación al poder exclusivo femenino.
Siempre he creído que Mary Shelley aparte de crear una de las bestias más clásicas de todos los tiempos, estuvo hablando de problemáticas que no eran desconocidas para ella. Hija de su madre, autora de la reivindicación de los derechos de las mujeres, no es algo alocado pensar que toda la historia de tragedias y abandonos tuviera relación con la gestación del vientre. El vientre es algo que crea y construye, adhiriendo dedos, uñas, pelos en una forma matérica. Pero si eso se lo damos a un hombre, y hacemos evidente el rompimiento de la carne desde lo monstruoso, creando un ser que ve a su creador como un creador con una carga divina, con el poder de dar vida como dios. Y en donde su propio creador, lo pervierte con el despojo, el abandono y el trauma. Podemos pensar que si el hombre fuera creador no sería capaz de aceptar su carga?
Al poner al creador de la vida en la divinidad, nos acercamos al poder de Dios en sí y su creación ante el mundo, y también en sí mismo, al poder de la vida que tenemos como género las mujeres.
Cuando los romanos no nos consideraban aptas para ser amadas, más bien para procrear, no era para proteger la divinidad mágica que puede producir nuestros cuerpos, si no para manejarnos como máquinas y tener el poder sobre la única capacidad que ellos no son capaces de gestionar, el dar vida. Como algo espiritual, como un poder de superhéroe, debían encerrarnos y controlar nuestra cercanía con la divinidad.
Pero cuando hablamos de la creación, también se puede acercar la noción del artista, el arte como un producto con alma. Si bien yo estoy representando la creación de Víctor, soy consciente que yo como mujer gestante, también soy creadora de obras y constructora de cuerpos, con la misma técnica en la que se cose una herida (de hecho comparten el mismo verbo, la actividad de coser). Costuras visibles, que unen trozos de piel. Cuando tengo el poder de unir codos a antebrazos desde la presión en una hebra, sé que me acerco a los demás curadores, pero hablo desde el terror, desde el terror frágil y que no deja detrás a la infancia, trabajando con un lenguaje de la infancia, rango en donde nos seguimos esculpiendo como seres, y nos vamos marcando y reconociendo como si fuéramos la misma bestia creada por Victor.
El terror es necesario para hablar cosas complejas, de forma democrática a través de las imágenes. Tenemos temáticas complejas pero que apoyan, tal como un libro ilustrado con las narraciones visuales. Confundiendo e informando no solo a entendidos, ni dejando fuera a la infancia, es un lenguaje que nos muestra la fragilidad del cuerpo, nos acerca a la muerte y a valorar la vida con simples mensajes.
Como en la Edad Media con los bestiarios, hablamos de la corrupción de la creación dándole un nombre y un apellido al creador del mal y las deformaciones.