Statement

La creación monstruosa en relación al poder exclusivo femenino.

Siempre he creído que Mary Shelley aparte de crear una de las bestias más clásicas de todos los tiempos, estuvo hablando de problemáticas que no eran desconocidas para ella. Hija de su madre, autora de la reivindicación de los derechos de las mujeres, no es algo alocado pensar que toda la historia de tragedias y abandonos tuviera relación con la gestación del vientre. El vientre es algo que crea y construye, adhiriendo dedos, uñas, pelos en una forma matérica. Pero si eso se lo damos a un hombre, y hacemos evidente el rompimiento de la carne desde lo monstruoso, creando un ser que ve a su creador como un creador con una carga divina, con el poder de dar vida como dios. Y en donde su propio creador, lo pervierte con el despojo, el abandono y el trauma. Podemos pensar que si el hombre fuera creador no sería capaz de aceptar su carga?

Al poner al creador de la vida en la divinidad, nos acercamos al poder de Dios en sí y su creación ante el mundo, y también en sí mismo, al poder de la vida que tenemos como género las mujeres.

Cuando los romanos no nos consideraban aptas para ser amadas, más bien para procrear, no era para proteger la divinidad mágica que puede producir nuestros cuerpos, si no para manejarnos como máquinas y tener el poder sobre la única capacidad que ellos no son capaces de gestionar, el dar vida. Como algo espiritual, como un poder de superhéroe, debían encerrarnos y controlar nuestra cercanía con la divinidad.

Pero cuando hablamos de la creación, también se puede acercar la noción del artista, el arte como un producto con alma. Si bien yo estoy representando la creación de Víctor, soy consciente que yo como mujer gestante, también soy creadora de obras y constructora de cuerpos, con la misma técnica en la que se cose una herida (de hecho comparten el mismo verbo, la actividad de coser). Costuras visibles, que unen trozos de piel. Cuando tengo el poder de unir codos a antebrazos desde la presión en una hebra, sé que me acerco a los demás curadores, pero hablo desde el terror, desde el terror frágil y que no deja detrás a la infancia, trabajando con un lenguaje de la infancia, rango en donde nos seguimos esculpiendo como seres, y nos vamos marcando y reconociendo como si fuéramos la misma bestia creada por Victor.

El terror es necesario para hablar cosas complejas, de forma democrática a través de las imágenes. Tenemos temáticas complejas pero que apoyan, tal como un libro ilustrado con las narraciones visuales. Confundiendo e informando no solo a entendidos, ni dejando fuera a la infancia, es un lenguaje que nos muestra la fragilidad del cuerpo, nos acerca a la muerte y a valorar la vida con simples mensajes.

Como en la Edad Media con los bestiarios, hablamos de la corrupción de la creación dándole un nombre y un apellido al creador del mal y las deformaciones.

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Caracol y lucifer