Un timbre fiel

Sobre “Un Timbre Fiel”, Obra de Arte Textil del 2025

Cinco de la mañana. Lo sé en mi corazón. Es un poco antes de que suene mi alarma, pero siempre hay un guiño o un leve movimiento que me hace estar atenta de su asentamiento. 

No sé cómo se cambia, como viaja. Ni nunca he querido mirarlo, nunca he querido saberlo. Es cómo si encontrarme con él y descubrir su ajuste en mi, despertara un gen que hará que me obsesione con él. No quiero ser consciente de él, aunque siempre sospeché sus acciones y movimientos. 

Cinco con cuarenta y cinco minutos. Ya está ahí. ¿Cómo sabe el tiempo y mi hora exacta de despertar? ¿Me lee la mente? No quiero saberlo. ¿Cómo sabe cuando llegar? Siempre está en el lugar correcto, no cambia respetando el tiempo, si no la noción de un día y de otro. 

Abdomen. Uno de sus lugares preferidos y con los que yo me siento mejor. En el estómago nos encontramos y sabemos qué hacer, somos recurrentes. Agradezco que no se haya ido a otro lugar. Pecho, piernas, hombros, manos. Hoy debo enfrentar un día difícil, no lo puedo cargar en el pecho. Vuelvo a agradecer a mi estómago, “gracias por resistir”. 

Lo negativo del estómago es que es el que menos me gusta lavar en las mañanas. Hay algo con una noción infinita que no me gusta tocar, cómo el nudo de un globo, hay una conexión circundante que me hace creer que cuando se desdoble abrirá paso a mi interior, ahí es demasiado húmedo, y creo que un día podría ingresar demasiado y lavar la intimidad de mi cuerpo. 

No tengo consentimiento de mis órganos, no quiero transgredir sus derechos, son míos técnicamente, pero en realidad yo soy de ellos. Ellos me hacen funcionar, ni soy su dueña y no quiero pasar a su territorio, ahí rigen otras reglas. 

Siempre tiene la misma forma, a veces lo imagino distinto. Superficie de madera, imagino que es una madera del siglo XIX, finales quizás. Su interruptor es dorado, delgado y sólido. Siempre encendido. A veces en vez de interruptor, imagino un ojo, celeste, redondo, idealizado, con un glóbulo brillante, prístino, ahuesado en su tonalidad de blanco. Pero no, solo su interruptor. Elijo creer que es de oro, un oro cálido muy hacía los tonos tierra. Pero al tocarlo deja un leve aroma a metal en mis manos “fantasía”, pienso. Pero no se pone verde. No puede pudrirse en mi cuerpo. Quizás el hierro, la conexión con mi sangre le traspasa tal curioso aroma. Prefiero esa razón. Quiero que sea especial. 

Su encendido y el sonido que causa en mi interior, siempre está presente, pero no me mueve. Ayer estaba en mi pecho y sé perfectamente lo que causa en mí esa locación sobre mi corazón. Sé que mi mandíbula se apretará y no dejará de generar la pregunta en mi cabeza: ¿es hoy? ¿Es hoy el día que me lleva? No hoy por favor, tengo cosas que hacer, debo llevar a mis estudiantes a dibujar al palacio. Es fuerte, el miedo lo trasladó por mi cuerpo. Lo siento en mi cuello, en mis ganglios. Siento que puedo tomar una membrana cartilaguesca de mi hombro, que lo dispara hacia todos lados. Trato de ignorar tanto que está ahí, pero lo siento, con su interruptor siempre encendido. Me desconcentra, ¿por qué tienes que estar ahí hoy? - No me dejas trabajar bien. 

Pero hoy está en mi estómago, nos conocemos, nunca me ha dañado tanto. 

No recuerdo la primera vez que lo vi, sólo sé que estuvo por años mucho tiempo en mi garganta, mucho en mis costillas. Tengo la leve sensación de sentirlo tan fuerte que me arrastraba hacía mi interior la piel de mis costillas, mi piel peleaba por ingresar cada vez más, succionaba entre mis huesos. Pero cuando fui consciente de él, fue cuando lo vi en mi estómago, lucía igual, a pesar de que pase el tiempo. 

¿El sobrevivirá si pasa el tiempo? ¿Si yo no paso el tiempo? ¿Se irá a otra persona? ¿Tendré celos de ello? 

El timbre ha sido un sinónimo del miedo desde hace un tiempo. Desde que he visto sucumbir a gente sin ni un sólo timbre, o gente con dos o cuatro al mismo tiempo. No conozco timbres en hombres, es cómo si ellos no los mereciera. Y al mismo tiempo, no son muy comunes los timbres, no se hablan y quizás lo tengo solo yo y habitan en cuerpos ajenos cómo una ilusión. 

Un timbre fiel, 2025.

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